Buenas tardes a los lectores de este blog.
Empecemos por contar que, a partir de hoy y hasta que pueda, voy a seccionar esto en tres partes: Silla Eléctrica, Ciclismo y ciclistas, y personales.
- QUE SÍ SEÑORES/QUE CÓMO NO/POR ALLÁ ESTUVE/Y ME DOLIÓ!
Pues sí. Anoche fui a lo que queda del Instituto Nacional de Radio y Televisión, (ahora llamado RTVC), y les cuento que salí con ganas de ponerme a llorar. No voy a vlover a ver a viejos amigos como Diana López, Johnny Palencia o Efraín Ibarbo (y los que escuchan 99.1 desde el '95 saben a quiénes me refiero), y por unas estorbosas tapias que han colocado en el más de los pasillos, entrar al edificio de RTVC es casi que jugar al "Dungeons & Dragons" (iba a decir que como jugar Dungeon Keeper... pero lo que había de valor, que era el personal con tantos años de experiencia en ese campo, ya no está), incluyendo los orcos de una empresa de vigilancia que cuida, cuando ya no hay mucho qué cuidar...
Bueno, saludar a Andrés personalmente fue algo que me alegró algo, en medio de un ambiente tan melancólico como era posible. Ni siquiera las sillitas que había para sentarse a fumar con "la bestia" García (ah, porque también conozco a Iván García), estaban en su sitio de siempre. ¿Y quién reemplazó a los operadores de audio? Un PC. Punto.
También estaban Don Cangrejo (alias Oscar Zuluaga), Susana Saffon (y espero haberlo escrito bien: el valor más preciado para alguien, menos para mí, es su nombre), Eileen Martínez (que demostró tener unas agallas de tiburón para conseguir entrevistados, ya que llevó al mono de Sweet hace 8 días), y una niña muy linda de Cali (espero me excuse, pero de veras, NO RECUERDO SU NOMBRE). Y el invitado de la semana: el maestro Memo Cristancho, quien nos tocó "Bebop A Lula" en vivo. El programa llevó su ritmo, pero el estar allá, ya no es lo mismo. Felicito a Andrés, ya que, en su lugar, habría desistido de seguir con el programa. Pero sólo los grandes perduran en la historia: FELICITACIONES, MANUEL Y ANDRÉS.
Al salir, pues a darle quimba a la bicicleta (de hecho, el tiempo volvió a quedar en el récord de 24 minutos) del trayecto RTVC - Al-Qaeda de la Fragua. Y llegar a la casa a seguir con las "pequeñas delicias de la vida conyugal"...
En conclusión, espero llegar a la próxima un poquito más temprano, para que no me deprima el ver a un gigante caído... y al parecer, sin más dolientes que sus ex-empleados.
- LANCE ARMSTRONG: EL FIN DE UNA ERA.
Podrá emputarse don Bulgov, y pararse en la cabeza si quiere, pero hay que aceptarlo: el mejor ciclista de todos los tiempos, con sus seis Tour de France encima, y muy posiblemente camino al séptimo, nació en Texas (don't mess with Texas, dicen los nacidos allá), ESTADOS UNIDOS. Sí, se trata de Lance Armstrong, quien escogió este año como el apropiado para retirarse de la vida profesional. Con un palmarés impresionante, y un país que tiene sus ojos puestos en él (bastante raro en los gringos, ya que sólo les importa su mugroso Superbowl y su Serie Mundial (de los dos deportes, me quedo con el segundo) y no parecieran tener interés por el ciclismo), lo más valioso de Armstrong (que parece significar "Brazo Fuerte"), no es su inmenso historial de títulos: es su poderosa fuerza interior. Porque ganarle a un cáncer que ha hecho metástasis en pulmones y cerebro, y que se originó en un testículo, es meritorio y digno de contar. Los franceses Jacques Anquetil, Bernard Hinault, el belga Eddy Merckx y el español Miguel Induraín conforman el exclusivo "Club de los 5", ciclistas que obtuvieron 5 veces ese galardón. Armstrong creó un club exclusivo: "el Club de los 6", y de pronto, cambia este año al de los 7. Pero lo importante de este retiro no es que se va con una marca muy difícil de igualar de forma natural: Armstrong se retira en el mejor momento de su carrera. Y ese será el mejor recuerdo que nos pueda dejar.

Esta imagen podría verse por séptima vez este año. Lo triste es que será la última. THANX, LANCE!
- LA EXPLICACIÓN DE MANSON: ¿POR QUÉ EL AMERICA DE CALI?
Bueno, tal como lo había prometido, explicaré ciertas decisiones sobre mi vida. Algunas la han cambiado, otras no tanto, pero todas han sido importantes. Y si hubiera podido escoger mi nombre, lo habría hecho. Pero bueno, lo que pude escoger fue a qué equipo seguir y amar durante mi vida. Y mi elección fue el 12 veces campeón: el América de Cali.
Antes de empezar, les contaré algo que, para mi elección, fue determinante: mis padres son de provincia. Y a ninguno de los dos les gusta el fútbol (cosa que contrasta con mi suegra, que es hincha del Santa Fe y punto), por lo cual, ninguna clase de presión fue ejercida a la hora de escoger equipo. Independientemente de eso, amo a mi ciudad, pero no creo que alguno de los dos equipos sea un representante de lo que yo llamo "Bogotanidad" (de hecho, Andrés Pérez, Kilian Virviescas y Fabián Vargas se formaron en Maracaneiros; los dos últimos triunfaron en América, y ahora los tres viven felices en Buenos Aires).
- LA SOBERBIA MILLONARIA.
Un equipo que tenga ese nombre, lo deja pensando a uno. "Los Millonarios"... según el DRAE, millonario significa:
"1. adj. Que posee un millón, o más, de unidades monetarias.
2. adj. Muy rico, acaudalado. U. t. c. s. U. t. en sent. fig.
3. adj. Dicho de una cantidad o de una magnitud: Que se mide en millones."
(tomado de la página web http://www.rae.es)
Y sí, sí lo eran. Alfonso Senior, en el año 1948, trajo a Carlos "Cacho" Aldabe, futbolista argentino, a Colombia. Y Aldabe trajo al resto detrás: Pedernera, Di Stéfano, Rossi, Cozzi, el "maestrico" Báez... Aprovechando la huelga de futbolistas argentinos en el año 1946, y ellos con ganas de jugar y de echarle algo a la olla, pues viniveron para acá. La época de "El Dorado" futbolístico nació. Pero el nombre viene de más atrás, por un titular que algún periodista, molesto con las personas que habían adquirido el club deportivo Municipal, tituló un artículo de prensa diciendo "Los Muncipales son ahora Millonarios", y así quedo, hasta nuestros días. Millonarios, como club de fútbol, brilló exclusivamente por su fútbol durante los años 50, 60 y 70, haciendo memorable el tetracampeonato del doctor Ochoa y del "Caimán" Sánchez como técnicos de este "Ballet Azul" (61-62-63-64). Recordado también el título de 1978, con el "Viejo Willy", Daniel Onega (célebre delantero de River Plate), y Jaime Morón (que, en el momento de escribir estas líneas, está buscando fondos para poder hacerse una operación en los ojos, porque se está quedando ciego). Pero en los 80, fue opacado por un GRAN equipo (que mencionaré más adelante), y en los 90, sus dirigentes cometieron errores que lo fueron quebrando, hasta nuestros días. A mí, como hincha del fútbol, me queda el recuerdo de dos jugadores que tenían ese "no se qué" que enamora a un hincha: Édison Domínguez y Ricardo Lunari. Obviamente, admiro a Héctor Búrguez, excelente jugador, mejor persona.
Si sé tanto de Millonarios, ¿por qué no soy hincha? Si nací cuando lograron su título 11, ¿por qué no soy hincha? Si conozco a los Senior, llegando inclusive a ver una pequeña parte de las camsetas cargadas de historia... ¿por qué no soy hincha? Por lo que titula este apartado: POR LA SOBERBIA MILLONARIA. De niño, tenía un par de vecinos que eran hinchas de Millonarios, y que justo para el año de 1987 humillaban a todos los hinchas de Santa Fe con el cuento de la décimosegunda estrella. Muchos, pero muchos años después, los vi en una situación que me dejaba en ventaja a mí. Pero en ese momento, mi reflexión fue: "Si no quieres quedarte sin amigos no seas soberbio. O hincha de Millonarios, que es casi lo mismo". Claro, ya los hinchas de Millonarios no son tan así, pero la alharaca que hizo Andrés después del clásico (con canción de la Billo's incluída), a veces me hace pensar que la decisión, en parte, fuera correcta. Así después me volviera soberbio por cosas que no tienen nada que ver con el fútbol.
¿SANTA FE y SUFRIMIENTO SERÁN SINÓNIMOS?
El primer campeón colombiano en el fútbol profesional, el que me restregan en la cara por el campeonato de 1960, el equipo que ha tenido jugadores de apellidos chistosos, pero de grata recordación entre los hinchas (Panzutto, Perazzo, Sarnari, Pandolfi, Bevilacqua...), la fuerza de un pueblo, el "Santafecito lindo", el Arsenal de la sabana, el león de Monserrate, lo que debería encerrar la Bogotanidad, tiene un algo que no me llama (aparte de que hace 30 años no sale campeón): está ligado al sufrimiento.
La hichada del Santa Fe me recuerda a la de Racing, porque tienen varios puntos en común: sus equipos estuvieron a punto de desaparecer, mucho tiempo sin verlos campeones no les apagó el amor por el equipo (porque eso sí, Racing logró vencer la maldición saliendo campeón después de 35 años de no celebrar), son equipos que todo el mundo reconoce a nivel Latinoamérica, y tienen la fama de hacer sufrir a sus hinchas. Pero Santa Fe es diferente. Después de 1975, no ve una, y ha llegado a dos finales de eventos intercontinentales, viendo cómo los títulos se les iban de las manos (Conmebol 1996, contral Lanús, y Mercopobre 1999, contra el GRAN equipo del que más adelante hablaré). Si embargo, a los hinchas algo se les abona: con ellos se puede hablar bien de fútbol, y son realistas. Crudamente realistas. Exageradamente realistas, atinan hasta en quién va a ser el campeón del semestre. Obvio, hace rato Santa Fe no está en ese pronóstico. Otra cosa es que, hace muchos años, los jugadores bogotanos no brillan en Santa Fe (ahora, quien más suena, es Juan Carlos Toja), y la mayoría de jugadores vienen de la costa pacífica; no lo sé, pero creo que ellos tienen más en mente el dar el salto a un club "más grande" que Santa Fe, y por esa razón la garra cardenal, que el equipo ostentó como sello propio, se quedó sin filo en las uñas. Eduardo Galeano me daría la razón si leyera esto...
Hay dos acontecimientos que me llevaron a tomar la decisión de descartar al Santa Fe: el primero fue público, y todo el país lo vio. El segundo, ese fue un acontecimiento que Dios creó sólo para mis ojos.El primero, que todo el mundo vio, fue a mediados de los 80. Recuerdo que Independiente Santa Fe estuvo en una crisis que casi lo hace desaparecer. Entonces, los directivos acudieron a sus hinchas para salvar el equipo. Y recuerdo dos cuadros en particular. Después de una gran movilización, los periodistas buscaron al hincha "simbólico", el que había dado todo lo que tenía. Su nombre no quedó grabado en mi memoria, pero sí recuerdo cuánto dio: cinco mil pesos (que en esa época era un mundo de plata). Y muchos otros direno mies, cientos de miles, y hasta millones, con tal de salvar al equipo. El segundo cuadro fue más profundo aún: en un partido jugado en horas de la noche, salen unas bastoneras con una pancarta que decía: "GRACIAS, HINCHAS". Era lo que se esperaba como obvio, pero también se esperaba el título. Y creo que esos hichas siguen esperando, aún hoy, que les agradezcan con una estrella más.
El segundo acontecimiento fue privado. Sólo para mis ojos. Y ocurrió cuando uno es más impresionable, es decir, cuando se es niño. En esa época, mi familia y yo vivíamos en el barrio Gran Britalia (sí señor, el barrio que queda abajo del Almenar), y el vecino de al lado (que se llamaba Campo), era hincha del Santa Fe. En el solar (porque eso estaba lleno de matas y hasta un brevo había) había una suerte de altar para el equipo; un sitio donde había pintado, sobre un fondo blanco, el escudo de Santa Fe. Mi vecino tenía (o tiene, no lo sé; siempre me inclino por la posibilidad más fatalista) un hijo que se llamaba (o llama) Oscar. En una ocasión, mis vecinos ofrecieron una de esas fiestas típicas de esa época: mucha comida, mucho trago, mucha música, mucho baile. Y claro, pocos niños. Como es obvio, por esa razón no pude estar en la fiesta. Pero de haberlo estado, jamás habría visto ese cuadro, que me marcó profundamente. En medio del ruido de la fiesta, subí a la terraza de la casa (desde la cual se podía ver el patio del vecino), a ver qué podía distinguir, o si había alguien. Y sí, efectivamente había alguien. Era Oscar. No sé qué diablos hizo o dijo, pero su papá seguramente lo regañóo muy fuerte, o siendo extremista, le pegó. Y estaba llorando en el patio solo, al lado del altar del equipo. No fue la única vez que vi eso, pero por ser la primera, me marcó profundamente. Pensé, entonces, que el consuelo de éste muchacho era su equipo. Pero ¿cómo iba a consolarlo a uno un equipo que no salía campeón? Con el tiempo, me di cuenta que un año o un semestre con el equipo de uno saliendo campeón, le baja el tiente a todos los otros problemas (pues no los resuelve, pero uno la pasa bueno). Y dije, entonces: "No. Santa Fe no".
Semejante acontecimiento me llevó a crear mi propio indicador de miseria en una casa. ACLARO: no me refiero a la miseria económica, sino a la miseria que alguien lleva por dentro. Cada quien puede tener estos elementos por separado, pero si los tiene juntos...
1-.UNA IMAGEN DEL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS (SIENDO ESTE PAÍS, SUPUESTAMENTE DE ÉL, NO DEBERÍAMOS SUFRIR TANTO... ¿O SÍ?)
2-.UN CUADRO DE ESOS DONDE SALE UNO O MÁS NIÑOS LLORANDO (ME IRRITAN, ME PARECEN PATÉTICOS, LOS ODIO, SEAN DE QUIEN SEAN)
3-.UN ESCUDO DE SANTA FE, O UNA FOTO DE ALGÚN EQUIPO CAMPEÓN, O DE UN JUGADOR INSIGNIA CARDENAL, EN MEDIO DE LOS DOS.
Me importa un pepino quien se empute, pero si uno tiene el escudo de su equipo, es para que brille solo, no para darle un tinte de mártir (o de más mártir, en este caso). Y, francamente, alma de mártir no tengo (pero sí aguante de hormiga... :) ).
No siento que ninguno de los dos equipos me represente. Pero como el lector se podrá suponer, pues ya adivina a qué equipo decidí seguir. Y créanme, ahorita estamos sufriendo más que los del Santa Fe... pero no importa. En la próxima entrega, les contaré por qué ese, y no otro equipo, fue mi elección.
Esta noche (por la del jueves) no puedo escuchar "La silla eléctrica", porque tengo que ir a dictar una monitoría (qué chafa), pero aspiro a que valga la pena.
Nos leeremos el lunes, si Dios, el server de la Nacho (con firewall, páginas bloqueadas y demás), el LABE, el grupo EMC-UN, el de PEP, el de Sistemas de Potencia, y el resto, así lo permiten.
Mucha suerte y muchos éxitos.
James D. Manson.